
Hermanos: Que vuestra caridad no sea una farsa; aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo.
En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres: estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración. Contribuid en las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad.
Bendecid a los que os persiguen; bendecid ,si, no maldigáis. Con los que se ríen, estad alegres; con los que lloran, llorad. Tened igualdad de trato unos con otros: no tengáis grandes pretensiones, sino poneos al nivel de la gente humilde.
Rm 12, 9-16b
Leo y releo el texto. Escucho los imperativos y los cuento: no sean farsantes, aborrezcan, apéguense, sean cariñosos, valoren, sean ardientes, no sean descuidados, sirvan, estén firmes, sean asiduos, contribuyan, acojan, bendigan, no maldigan, alégrense, lloren, iguálense, no tengan pretensiones, acérquense.
Cuento diecinueve y me he saltado: que la esperanza os mantenga alegres porque recuerdo el evangelio de Pablo: Los que vivimos según el Espíritu podemos cumplir en plenitud los preceptos de la ley… No pesa condenación sobre los que viven en Cristo… Para vivir en la libertad nos ha liberado Cristo… Donde está el Espíritu está la libertad... El Espíritu me ha liberado por medio de Cristo Jesús… Gustando esa buena noticia, reconozco que el imperativo no es una carga, ni exigencia de un esfuerzo para obtener recompensa. Me alegra el darme cuenta de que no tengo “obligación” de orar, ni debo “cumplir el precepto” de amar. Me alegro al experimentar que puedo amar, que puedo acercarme a ti, Padre, y estar en ti como el niño en los brazos de su madre. No tengo que rezar padrenuestros en penitencia, puedo decirte: Abba. No tengo que dar limosnas para ganar méritos , puedo decir: hermano.
Puedo. Tengo la gozosa posibilidad de amar. Espero aprender a amar cada día. Sé que encuentro la felicidad cuando amo. Leo y releo el texto y el imperativo se vuelve camino para el discernimiento, para evitar las trampas del legalismo, para aprender a ser eficaz en el amor y te ruego, hoy y cada día, que la esperanza nos mantenga alegres, sabios, críticos con la comedia de este mundo que pasa, cercanos a todos, comprometidos e incansables en la construcción de fraternidad.
P. Fernando Ibáñez
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