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Por: Josué Dany Hernández Guzmán
Un joven protestante preguntó inquieto y curioso: ¿Existe en la Iglesia Católica una oración de sanación que nunca falle; una oración que de verdad me libere de mis pecados y me haga sentir amado por Dios; una plegaria, en fin, que nos haga sentir hombres nuevos (como dice San Pablo) y con deseos de ser mejores en nuestro caminar cristiano?
Se le contestó: No existe en la Iglesia católica una oración como la que tú describes. Existe algo mejor.
Preguntó el joven: ¿Cómo? ¿Algo mejor que una oración?
Sí. Existe todo un sacramento: el sacramento de la Reconciliación.
Nosotros los cristianos católicos estamos invitados a valorar el sacramento de la reconciliación, también llamado confesión, sacramento del perdón, sacramento de la penitencia, etc. A mí me encanta llamarlo de la Reconciliación, porque eso es lo que hace precisamente: reconciliarnos con el Dios que nos ama.
Pero la Reconciliación no sólo nos perdona nuestros pecados. Nos sana, nos libera de la culpa, nos hace experimentar el amor y la misericordia del Señor Jesús y nos hace hombres y mujeres nuevos.
No temas acercarte al sacramento de la Reconciliación en esta Cuaresma. Como decía un santo, “Suelta el sapo” (o sea, el pecado que tienes y que habita en ti). Por muy grande que sea tu pecado, más grande es la misericordia del Señor. No te quedes con el sapo adentro. Pon tu vida en manos del Señor Jesús y verás realmente maravillas. Te sanarás, si confías en Él y sigues adelante con alegría.
Acércate a tu parroquia, pregunta por los horarios de confesiones. No temas ni dudes. No te des a ti mismo excusas para no confesarte. Prepárate para vivir la alegría de la pascua con un corazón sano, renovado y dispuesto.
Recuerda que un corazón quebrantado y humillado, el Señor no lo desprecia (Salmo 50).
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