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COMO UN CIEGO CREE EN EL SOL
 


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Por: Josué Dany Hernández Guzmán

Nos dice Kurt Tucholsky: “Las experiencias no se heredan; cada uno las debe hacer a solas”. Creo sinceramente que en este tiempo de cuaresma debemos de buscar una verdadera experiencia divina, una experiencia con Dios, a solas… personalmente.

Las experiencias, en efecto, son intransferibles. Nadie puede sustituir a otro a la hora de vivir una experiencia, sobre todo una experiencia  con el Señor Jesús. Y precisamente lo que de verdad madura a una persona son las experiencias personales, vividas intensamente.

La experiencia del sufrimiento, por ejemplo, no es posible explicársele a una persona. La debes vivir, y solamente viviéndola y asumiéndola con serenidad y en paz, te ayudará a madurar.

Ante Dios, cada uno de nosotros es una persona única e irrepetible, amada por Dios y con capacidad de amarle. En este tiempo de gracia cuaresmal, debemos de encaminarnos a la conversión, buscando experimentar la presencia de Dios en el aquí y ahora de nuestra vida cristiana.

El escritor holandés de temas religiosos Phil Bosmans dice: “Yo creo en Dios como un ciego cree en el sol, no porque lo vea, sino porque lo siente, porque lo experimenta”

Recordemos lo que nos dice san Juan: “A Dios nadie lo ha visto jamás” (Jn 1, 18). No vemos a Dios, pero nosotros los cristianos creyentes experimentamos su presencia, lo sentimos cerca. Es una presencia providente, bondadosa, con la cual podemos entablar un diálogo de amistad que es una forma excelente de oración.

Podemos conversar con Dios como con un amigo, Él es un Padre lleno de bondad y de misericordia que quiere nuestro bien y nuestra plenitud. Y en este tiempo cuaresmal, les invito a que experimenten su amor y misericordia en el sacramento de la reconciliación (o confesión) en donde “a Dios se le siente, se le experimenta” de manera patente y vivencial.



 
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