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Por : Josué Dany Hernández Guzmán
Iniciamos en la Iglesia la Cuaresma 2009. Es un tiempo de gracia y de conversión para acercarnos a la Buena Noticia que es el Señor Jesús. Pero puede suceder en muchas ocasiones que nos desanimemos diciendo: “otra vez lo mismo del año pasado”, “otra vez retiros y ayunos” “otra vez esto, o lo otro” y creernos los grandes maestros de la cuaresma porque llevamos varios años participando de ella, viviéndola y sintiéndonos casi casi con alitas en la espalda.
Caemos en la tentación de la autosuficiencia. En la idea de creer que ya la Palabra de Dios en este tiempo de cuaresma no tiene ya nada que decirnos. Nos pasa lo que a muchas personas que cuando se comienza a proclamar la parábola del hijo pródigo de Lc 15, ya ni siquiera ponen atención y se dicen para sí: “ah, ya la escuché. Anda, anda, que esto ya lo sé… ya sé de qué trata el asunto”.
La escritora y poetisa austriaca Marie von Ebner-Eschenbach escribe: “Conservarás tu juventud mientras sigas aprendiendo”. El que tiene deseos de aprender y puede realizarlos se mantiene joven. Podemos aprender algo nuevo siempre. El que no aprende algo nuevo cada día se estanca y de ahí se deriva un implacable envejecimiento.
En la vida cristiana pasa eso. Debemos tener siempre la juvenil curiosidad de aprender algo nuevo cada día. En este tiempo de cuaresma podemos redescubrir la Palabra, el valor del ayuno, de la oración y la limosna. No es la misma cuaresma del año pasado porque tú no eres el mismo del año pasado, y el Señor de la historia tiene algo para ti, aquí y ahora.
Buscar vivir un retiro espiritual, aprender de las experiencias de la vida cristiana, vivir la reconciliación con Dios, es un trabajo que nos hará jóvenes de espíritu; pues el que no tiene ganas de abrirse al Señor y aprender cosas nuevas (como por ejemplo, una Lectio Divina como forma de oración personal y comunitaria), no puede conservar su juventud de espíritu.
La cuaresma es un tiempo de renovarnos, de convertirnos, de buscar la chispa de la juventud en nuestra alma y en nuestro corazón, preparándonos para recibir al Señor Jesús en nuestro joven corazón, deseoso de aprender cada día más sobre el amor de Dios y hacerlo vida y testimonio para mis hermanos.
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