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Por: Josué Dany Hernández Guzmán
Cuando se fueron, se puso Jesús a hablar de Juan a la multitud: - ¿Qué salieron a contemplar en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿Qué salieron a ver? (Mt 11, 7-8).
Escribo este artículo el día 24 de junio, solemnidad del nacimiento de san Juan Bautista, el único santo al que se le celebra el día de su nacimiento, porque fue santificado desde el vientre de su madre por la visita del Salvador.
Juan Bautista murió decapitado en una fortaleza de Herodes Antipas llamada Maqueronte y, según nos narran los evangelios, fue asesinado por instancias de Herodías, la esposa de Herodes Antipas. Herodías había sido mujer de Filipo, hermano de Herodes Antipas, pero éste, se enamoró de la mujer de su hermano y se unió con ella.
Juan no callaba esa situación de pecado y se lo hacía ver a Herodes; pero Herodías, mala pécora, no hizo sino intrigar contra el bautista, hasta conseguir su muerte.
Jesús hace un elogio maravilloso de su pariente Juan. Jesús dice: ¿Qué salieron a contemplar en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? Ciertamente no. Juan el Bautista no es una caña que se deje vender (su alma y su conciencia para tener contentos a los poderosos). El bautista es un ejemplo de cómo debemos ser los hondureños, sobre todo en estos tiempos de inestabilidad política. Debemos ser conscientes de lo que buscan nuestros gobernantes al pedirnos una participación. En caso de que se aclare bien que es algo positivo para el interés del bien común (léase de todos los hondureños y no de unos pocos), esa participación se puede dar. En caso contrario, como Juan, no seamos “cañas mecidas por el viento”. Tengamos el valor de defender nuestras convicciones y creencias dentro del marco del diálogo y la búsqueda de lo mejor para Honduras.
Jesús admira en su primo Juan esa firmeza de carácter, esa valentía y defensa de su fe y de lo que está bien. A Jesús le agradan las personas así: profetas y más que profetas, verdaderos miembros activos de una sociedad que, sumergida con frecuencia en el secularismo (secularismo es vivir como si Dios no existiera) necesita no de cañas, sino de verdaderos troncos de encino, firmes, recios y valientes. Pidamos siempre por Honduras, su pueblo y sus gobernantes.
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