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Por: Josué Dany Hernández Guzmán
La Iglesia Católica, a iniciativa del Papa Benedicto XVI dará inicio este 19 de junio al año sacerdotal, año en que el Papa declarará a san Juan María Vianney, más conocido como el cura de Ars, patrono de todos los sacerdotes del mundo.
¿Por qué este año sacerdotal precisamente ahora? El cardenal Hummes explica que por varios motivos. El primero sería porque se están celebrando 150 años de la muerte de san Juan María Vianney, ejemplo de sacerdote, un modesto cura de pueblo; por lo tanto, es año jubilar. También es deseo del papa recordar a los sacerdotes cuánto los quiere la Iglesia. Será un año donde habrán muchas actividades: encuentros, convivencias, retiros, documentos, etc.
Tiempo propicio para hablar de la hermosa vocación del sacerdocio. ¡Cuántos sacerdotes fieles, que como una vela, se gastan y desgastan por sus feligreses!
Se cuenta un hecho de san Francisco de Asís (¡Que no quiso ser sacerdote, porque no se sentía digno, madre mía!) que dice así: Hablando el santo de Asís sobre la dignidad del sacerdote decía: “si yo, caminando por los caminos me encontrará al mismo tiempo a un sacerdote y a un ángel, primero saludaría al sacerdote y luego al ángel, porque el sacerdote hace presente al Señor Jesús en la Eucaristía”.
¡Qué palabras del pobrecito de Asís! Palabras que describen muy bien la nobleza del ministerio presbiteral. El sacerdote hace posible la celebración eucarística. También es el que tiene poder para perdonar los pecados en el sacramento de la reconciliación.
¿Por qué ser sacerdote? En un mundo secularizado (secularismo es: vivir como si Dios no existiera), qué puede motivar a los jóvenes a buscar ser sacerdote. Recordemos primero que no debemos demonizar el mundo. Cristo no vino para condenar al mundo sino para salvarlo. Ciertamente, Dios existe y este mundo se puede transformar. Esta es la tarea de todos los discípulos misioneros de Jesucristo: transformar este mundo y la vida de los hombres y mujeres a través del mensaje, de la vida, hechos y testimonio que da del amor del Padre, de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Sólo se vive una vez y qué mayor alegría que, si se siente el llamado de Dios a la vida sacerdotal, se le responda con un ¡SÍ! Generoso y total.
Quiero aprovechar para saludar a los seminaristas del seminario menor Santiago Apóstol y a los seminaristas del Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa en Tegucigalpa. ¡Hermanos, seguir a Jesucristo en la vocación sacerdotal es la mejor aventura de este mundo! Porque Jesucristo no vale la pena… vale la vida.
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