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LOS ATEOS Y EL AÑO DE LA ASTRONOMÍA
 


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Por: Josué Dany Hernández Guzmán

Cuando tengo la terrible necesidad - diré la palabra - de religión, miro al cielo y pinto las estrellas. Vincent van Gogh

Una pura casualidad me hace pensar en dos acontecimientos que en apariencia no tienen nada en común: últimamente se han hecho eco, utilizando letreros colocados en autobuses de algunos países de Europa, algunos ateos que pregonan que “probablemente Dios no exista, así que vive plenamente la vida”. Eso por un lado.

El otro acontecimiento es el año de la astronomía con el que la ONU ha querido conmemorar en este 2009 los 400 años de las primeras observaciones de Galileo Galilei. Se llevarán a cabo una serie de eventos, convenciones, que estudiarán sobre todo la figura de Galileo y de todos los personajes variados que pintan el cuadro de la historia de la astronomía.

Debo reconocer que el tema de la astronomía siempre me ha fascinado, desde que leía aquellas maravillosas aventuras salidas de la mente del francés Julio Verne. Por eso, este año me parece de perlas para hablar de la astronomía desde el punto de vista del creyente cristiano.

Pues bien, sabemos que la Biblia nos indica que “los cielos narran la gloria de Dios” (Sal 19 (18),2); bellas palabras con la que el salmista expresa su impresión de la belleza de los cielos estrellados de Israel. Descubrir el orden del cosmos, la armonía, la hermosura de la creación, ciertamente es un paso para conocer la persona del Creador.

La iglesia siempre ha fomentado el estudio de la astronomía. El Observatorio Astronómico Vaticano, más conocido como Specola Vaticana, es uno de los observatorios astronómicos más antiguos del mundo; fue fundado por el papa Gregorio XIII en 1578 y desde el principio trabajaron en él astrónomos y matemáticos jesuitas, aunque posteriormente han participado otras órdenes religiosas. Actualmente, la sede está en la residencia papal de Castel Gandolfo.

Es bueno recordar como cristianos que muchos hombres y mujeres de ciencia han encontrado en ella una semilla o una “llamada” de parte de Dios para creer en su existencia. Y no hablamos de gente boba o de sentimentalistas sino muchas veces de fríos y lógicos científicos que al final de cuentas, en el desarrollo de sus investigaciones y estudios vieron la presencia de Dios en la armonía del universo.

Ojalá que Jesús, la luz del mundo, ilumine a las personas que no creen en Dios. Ese Dios, en cuyo canto nos habla Dante en la Divina Comedia, es el Amor que mueve al Sol y a las estrellas.



 
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