PRIORIDAD PASTORAL TERCERA:
EN COMUNIDADES ECLESIALES
“
Configurar nuestra diócesis
y nuestras parroquias como comunidad de comunidades.”
I. MIRADA A LA REALIDAD (VER)
Cambio social y eclesiológico
Un número significativo de la población se ha
reubicado en nuevos lugares geográficos, sociales y
laborales. Ha pasado del campo a la ciudad, de la cultura rural
a la cultura urbana. Este desplazamiento se ha orientado principalmente
hacia la costa norte. Este cambio implica un desarraigo y un
nuevo arraigo, una crisis en la manera de sentir, expresar
y vivir la pertenencia al grupo y a la Iglesia.
También se ha vivido un profundo cambio en la manera
de comprenderse la Iglesia a sí misma. Hemos pasado
de una comprensión de la Iglesia desde la jerarquía
a un modelo de Iglesia de comunión y participación.
Esta Iglesia, casa y escuela de comunión, es la que
estamos edificando en nuestra diócesis.
Aspectos positivos más relevantes
Desde esta clave de la comunión y participación,
se han organizado nuestras parroquias, tan extensas las rurales
y tan pobladas las urbanas, en “comunidades locales” que
cuentan con un templo, un consejo y comisiones pastorales y
en las que se vive y celebra ordinariamente la vida cristiana.
A su vez, las comunidades locales cuentan con comunidades más
pequeñas en las que un grupo de fieles comparten su
fe y su vida de manera cercana, personalizada, y fraterna.
Las llamamos “comunidades eclesiales”.
Prácticamente tenemos establecidos en la diócesis
los diversos organismos de comunión, corresponsabilidad
y coordinación como son los consejos pastorales y comisiones
de pastoral, en los diversos niveles: diocesano, zonal y parroquial.
En ambos organismos participan los sacerdotes, las religiosas
y, en mayor número, los laicos. También se realizan
múltiples reuniones del presbiterio, de las religiosas
entre si y reuniones de sacerdotes y religiosas en la parroquia
o en la zona.
En esta Iglesia de comunión se han fomentado las diversas
vocaciones nativas, especialmente para la vida consagrada y
para el clero diocesano. Y, aunque aún haya deficiencias
y lagunas, se ha puesto en marcha una pastoral vocacional que
esta recogiendo sus frutos.
Se ha desarrollado el sentido comunitario
de la vida sacramental, especialmente de la Eucaristía. Y se va superando una
visión individualista de la iniciación cristiana
por el esfuerzo en la preparación de los candidatos,
por el cuidado de una celebración participativa y por
la insistencia y oferta de medios para continuar en la comunidad.
Aspectos críticos más
cuestionantes
Muchas personas que se llaman católicas viven un modelo
de religión muy intimista e individualista, sin referencia
ni vinculación con la comunidad cristiana. Para ellas
cuenta más el “sentimiento religioso” que
la incorporación real a la comunidad histórica
de los discípulos de Jesucristo.
El sentido de pertenencia eclesial es
débil y poco
elaborado, aún en algunos fieles que participan en la
vida parroquial. Esto da lugar a cambiarse fácilmente
de Iglesia o a justificar un eclecticismo religioso con el
argumento de que tenemos el mismo Dios.
Algunos grupos, asociaciones, movimientos
y comunidades se cierran excesivamente en si mismos, les
falta apertura y disponibilidad
más allá de su círculo y no se integran
adecuadamente en los planes y organismos diocesanos y parroquiales.
La desintegración familiar es otro aspecto que daña
las bases de una convivencia comunitaria sana y no propicia
un ambiente positivo para educar a las personas en el sentido
de comunión, participación y pertenencia comunitaria.
II. ILUMINACIÓN DOCTRINAL (JUZGAR)
Documento de Santo Domingo. IV Conferencia General
55. Las Iglesias particulares tienen como
misión prolongar
para las diversas comunidades «la presencia y la acción
evangelizadora de Cristo» (DP 224), ya que están «formadas
a imagen de la Iglesia Universal, en las cuales y a base de
las cuales existe la Iglesia Católica, una y única» (LG
23).
La Iglesia particular está llamada a vivir el dinamismo
de comunión-misión, «la comunión
y la misión están profundamente unidas entre
sí; se compenetran y se implican mutuamente, hasta tal
punto que la comunión representa a la vez la fuente
y el fruto de la misión... siempre es el único
e idéntico Espíritu el que convoca y une a la
Iglesia y el que la envía a predicar el Evangelio hasta
los confines de la tierra» (ChL 32).
La Iglesia particular es igualmente «comunión
orgánica... caracterizada por la simultánea presencia
de la diversidad y de la complementariedad de las vocaciones
y condiciones de vida, de los ministerios, de los carismas
y de las responsabilidades» (ChL 20).
«
En la unidad de la Iglesia local, que brota de la Eucaristía,
se encuentra todo el Colegio episcopal con el sucesor de Pedro
a la cabeza, como perteneciente a la misma esencia de la Iglesia
particular. En torno al Obispo y en perfecta comunión
con él tienen que florecer las parroquias y comunidades
cristianas como células pujantes de vida eclesial» (Juan
Pablo II, Discurso inaugural, 25).
La Iglesia particular, conforme a su ser y a su misión,
por congregar al Pueblo de Dios de un lugar o región,
conoce de cerca la vida, la cultura, los problemas de sus integrantes
y está llamada a generar allí con todas sus fuerzas,
bajo la acción del Espíritu, la Nueva Evangelización,
la promoción humana, la inculturación de la fe
(cf. RMi 54).
58. La parroquia, comunidad de comunidades y movimientos, acoge
las angustias y esperanzas de los hombres, anima y orienta
la comunión, participación y misión. «No
es principalmente una estructura, un territorio, un edificio,
ella es "la familia de Dios, como una fraternidad animada
por el Espíritu de unidad"... La parroquia está fundada
sobre una realidad teológica porque ella es una comunidad
eucarística... La parroquia es una comunidad de fe y
una comunidad orgánica en la que el párroco,
que representa al obispo diocesano, es el vínculo jerárquico
con toda la Iglesia particular» (ChL 26).
Si la parroquia es la Iglesia que se encuentra entre las casas
de los hombres, ella vive y obra entonces profundamente insertada
en la sociedad humana e íntimamente solidaria con sus
aspiraciones y dificultades.
La parroquia tiene la misión de evangelizar, de celebrar
la liturgia, de impulsar la promoción humana, de adelantar
la inculturación de la fe en las familias, en las CEBs,
en los grupos y movimientos apostólicos y, a través
de todos ellos, a la sociedad.
La parroquia, comunión orgánica y misionera,
es así una red de comunidades.
61. La comunidad eclesial de base es célula viva de
la parroquia, entendida ésta como comunión orgánica
y misionera.
La CEB en sí misma, ordinariamente integrada por pocas
familias, está llamada a vivir como comunidad de fe,
de culto y de amor; ha de estar animada por laicos, hombres
y mujeres adecuadamente preparados en el mismo proceso comunitario;
los animadores han de estar en comunión con el párroco
respectivo y el obispo.
«
Las comunidades eclesiales de base deben caracterizarse siempre
por una decidida proyección universalista y misionera
que les infunda un renovado dinamismo apostólico» (Juan
Pablo II, Discurso inaugural, 25). «Son un signo de vitalidad
de la Iglesia, instrumento de formación y de evangelización,
un punto de partida válido para una nueva sociedad fundada
sobre la civilización del amor» (RMi 51).
62. Cuando no existe una clara fundamentación eclesiológica
y una búsqueda sincera de comunión, estas comunidades
dejan de ser eclesiales y pueden ser víctimas de manipulación
ideológica o política.
III. LÍNEAS DE ACCIÓN
(ACTUAR)
Objetivo:
Intensificar la comunión y participación en
la vida y en la misión de la diócesis y de las
parroquias, incorporándonos a las comunidades eclesiales,
organizándonos en consejos y comisiones a todos los
niveles y amándonos fraternalmente unos a otros según
el mandamiento nuevo del Señor.
3.1 Primera línea de acción
“Promover una espiritualidad de la comunión,
proponiéndola como principio educativo en todos los
lugares donde se forma el hombre y el cristiano” (NMI.
43)
Estrategias:
3.1.1 Resaltando el carácter comunitario de la vida
sacramental, especialmente de la Eucaristía, tanto en
su preparación como en su celebración.
3.1.2 Haciendo de la comunidad local (aldea, colonia) y de
la parroquia un lugar cálido de acogida para todos,
especialmente para los más pobres y débiles.
3.1.3 Cuidando en las comunidades eclesiales, en los consejos,
en las comisiones, en los movimientos, etc. no sólo
la acción sino las relaciones fraternas de unos con
otros: acogiendo, valorando, perdonando, sintiendo con el otro.
3.1.4 Intensificando las relaciones de fraternidad, de ayuda
mutua y de cooperación entre los presbíteros,
las religiosas y los laicos
3.2 Segunda línea de acción
Clarificar y avivar la identidad y la pertenencia eclesial
en el actual contexto de pluralismo religioso y cristiano.
Estrategias:
3.2.1 Formando a todos los fieles en el conocimiento y en el
amor a la verdadera Iglesia del Señor por medio de los
diversos procesos catequéticos y educativos.
3.2.2 Cuidando los signos y los medios de pertenencia: informativos,
afectivos, simbólicos, sacramentales.
3.2.3 Motivando y ofreciendo a todos la oportunidad de participar
de diversos modos en las múltiples actividades de la
parroquia para que se sientan implicados y no espectadores.
3.2.4 Integrándose cada vez mejor las asociaciones y
movimientos de fieles laicos en la vida, actividad apostólica
y planes pastorales de la parroquia y de la diócesis
y aportando sus propias riquezas espirituales y apostólicas.
3.2.5 Fomentando el espíritu ecuménico con las
Iglesias y comunidades que no están en plena comunión
con la Iglesia Católica por medio de la oración,
el acercamiento, el diálogo el respeto y la colaboración
en la caridad.
3.3 Tercera línea de acción
Asumir, animar y organizar la parroquia
como comunidad, a partir de las comunidades existentes y
hacia el modelo de las
que hemos llamado “comunidades eclesiales”.
Estrategias:
3.3.1 Formulando por escrito los rasgos que caracterizan en
nuestra diócesis a las comunidades eclesiales a partir
de los documentos eclesiales latinoamericanos y de nuestra
experiencia diocesana (CEBs, asambleas familiares, pequeñas
comunidades…)
3.3.2 Constituyendo y consolidando la organización y
coordinación de las comunidades eclesiales en los diversos
niveles: local, sectorial si lo hay, parroquial, zonal y diocesano.
3.3.3 Acompañando de cerca, formando y animando a las
comunidades eclesiales, especialmente a sus animadores, por
medio de los sacerdotes, religiosas, delegados y personas nombradas
para ello.
3.4 Cuarta línea de acción
Promover una mayor comunicación y unificación
de criterios, prioridades y orientaciones pastorales para asegurar
y expresar la comunión en la acción pastoral.
Estrategias:
3.4.1 Asumiendo todos, especialmente los agentes de pastoral,
el plan pastoral diocesano.
3.4.2 Elaborando los proyectos parroquiales y los proyectos
de las comisiones de acuerdo al plan diocesano.
3.4.3 Redactando y asumiendo los criterios y normas de la pastoral
sacramental que regirán en la diócesis.
3.5 Quinta línea de acción
Impulsar una pastoral que fomente la conciencia
vocacional a fin de promover las diversas vocaciones en una
Iglesia de
comunión: sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos
al servicio del evangelio.
Estrategias:
3.5.1 Realizando una concientización vocacional general
en coordinación con la pastoral catequética infantil,
con la pastoral juvenil y familiar.
3.5.2 Fortaleciendo la comisión diocesana y parroquial
de pastoral vocacional, integrada por sacerdotes, religiosas
y laicos.
3.5.3 Trazando y ejecutando un plan diocesano de pastoral vocacional
que contemple todo el proceso: información, promoción,
acompañamiento, formación, decisión.
3.5.4 Dando prioridad a las vocaciones sacerdotales diocesanas,
teniendo en cuenta su urgente necesidad.
3.6 Sexta línea de acción
Promover aquellos organismos de comunión y participación
que faltan en la diócesis y consolidar los existentes.
Estrategias:
3.6.1 Organizando el consejo pastoral diocesano, a partir de
la organización por zonas pastorales y por comisiones
agrupadas en departamentos.
3.6.2 Constituyendo los consejos de asuntos económicos
parroquiales y diocesano.
3.6.3 Revisando y reestructurando, si fuera necesario, el número,
tipo y coordinación de las comisiones diocesanas de
pastoral.
3.6.4 Cuidando los organismos del clero: reuniones de presbiterio
y consejo presbiteral y los organismos de la vida consagrada:
confereh diocesana y zonal.
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