Diócesis de San Pedro Sula, Honduras.
 
 
Documentos / Plan Pastoral Diocesano 2007 - 2010
 


PRIORIDAD PASTORAL TERCERA:
EN COMUNIDADES ECLESIALES


“ Configurar nuestra diócesis y nuestras parroquias como comunidad de comunidades.”


I. MIRADA A LA REALIDAD (VER)

Cambio social y eclesiológico

Un número significativo de la población se ha reubicado en nuevos lugares geográficos, sociales y laborales. Ha pasado del campo a la ciudad, de la cultura rural a la cultura urbana. Este desplazamiento se ha orientado principalmente hacia la costa norte. Este cambio implica un desarraigo y un nuevo arraigo, una crisis en la manera de sentir, expresar y vivir la pertenencia al grupo y a la Iglesia.

También se ha vivido un profundo cambio en la manera de comprenderse la Iglesia a sí misma. Hemos pasado de una comprensión de la Iglesia desde la jerarquía a un modelo de Iglesia de comunión y participación. Esta Iglesia, casa y escuela de comunión, es la que estamos edificando en nuestra diócesis.

Aspectos positivos más relevantes

Desde esta clave de la comunión y participación, se han organizado nuestras parroquias, tan extensas las rurales y tan pobladas las urbanas, en “comunidades locales” que cuentan con un templo, un consejo y comisiones pastorales y en las que se vive y celebra ordinariamente la vida cristiana. A su vez, las comunidades locales cuentan con comunidades más pequeñas en las que un grupo de fieles comparten su fe y su vida de manera cercana, personalizada, y fraterna. Las llamamos “comunidades eclesiales”.

Prácticamente tenemos establecidos en la diócesis los diversos organismos de comunión, corresponsabilidad y coordinación como son los consejos pastorales y comisiones de pastoral, en los diversos niveles: diocesano, zonal y parroquial. En ambos organismos participan los sacerdotes, las religiosas y, en mayor número, los laicos. También se realizan múltiples reuniones del presbiterio, de las religiosas entre si y reuniones de sacerdotes y religiosas en la parroquia o en la zona.

En esta Iglesia de comunión se han fomentado las diversas vocaciones nativas, especialmente para la vida consagrada y para el clero diocesano. Y, aunque aún haya deficiencias y lagunas, se ha puesto en marcha una pastoral vocacional que esta recogiendo sus frutos.

Se ha desarrollado el sentido comunitario de la vida sacramental, especialmente de la Eucaristía. Y se va superando una visión individualista de la iniciación cristiana por el esfuerzo en la preparación de los candidatos, por el cuidado de una celebración participativa y por la insistencia y oferta de medios para continuar en la comunidad.

Aspectos críticos más cuestionantes

Muchas personas que se llaman católicas viven un modelo de religión muy intimista e individualista, sin referencia ni vinculación con la comunidad cristiana. Para ellas cuenta más el “sentimiento religioso” que la incorporación real a la comunidad histórica de los discípulos de Jesucristo.

El sentido de pertenencia eclesial es débil y poco elaborado, aún en algunos fieles que participan en la vida parroquial. Esto da lugar a cambiarse fácilmente de Iglesia o a justificar un eclecticismo religioso con el argumento de que tenemos el mismo Dios.

Algunos grupos, asociaciones, movimientos y comunidades se cierran excesivamente en si mismos, les falta apertura y disponibilidad más allá de su círculo y no se integran adecuadamente en los planes y organismos diocesanos y parroquiales.

La desintegración familiar es otro aspecto que daña las bases de una convivencia comunitaria sana y no propicia un ambiente positivo para educar a las personas en el sentido de comunión, participación y pertenencia comunitaria.


II. ILUMINACIÓN DOCTRINAL (JUZGAR)

Documento de Santo Domingo. IV Conferencia General

55. Las Iglesias particulares tienen como misión prolongar para las diversas comunidades «la presencia y la acción evangelizadora de Cristo» (DP 224), ya que están «formadas a imagen de la Iglesia Universal, en las cuales y a base de las cuales existe la Iglesia Católica, una y única» (LG 23).

La Iglesia particular está llamada a vivir el dinamismo de comunión-misión, «la comunión y la misión están profundamente unidas entre sí; se compenetran y se implican mutuamente, hasta tal punto que la comunión representa a la vez la fuente y el fruto de la misión... siempre es el único e idéntico Espíritu el que convoca y une a la Iglesia y el que la envía a predicar el Evangelio hasta los confines de la tierra» (ChL 32).

La Iglesia particular es igualmente «comunión orgánica... caracterizada por la simultánea presencia de la diversidad y de la complementariedad de las vocaciones y condiciones de vida, de los ministerios, de los carismas y de las responsabilidades» (ChL 20).
« En la unidad de la Iglesia local, que brota de la Eucaristía, se encuentra todo el Colegio episcopal con el sucesor de Pedro a la cabeza, como perteneciente a la misma esencia de la Iglesia particular. En torno al Obispo y en perfecta comunión con él tienen que florecer las parroquias y comunidades cristianas como células pujantes de vida eclesial» (Juan Pablo II, Discurso inaugural, 25).

La Iglesia particular, conforme a su ser y a su misión, por congregar al Pueblo de Dios de un lugar o región, conoce de cerca la vida, la cultura, los problemas de sus integrantes y está llamada a generar allí con todas sus fuerzas, bajo la acción del Espíritu, la Nueva Evangelización, la promoción humana, la inculturación de la fe (cf. RMi 54).

58. La parroquia, comunidad de comunidades y movimientos, acoge las angustias y esperanzas de los hombres, anima y orienta la comunión, participación y misión. «No es principalmente una estructura, un territorio, un edificio, ella es "la familia de Dios, como una fraternidad animada por el Espíritu de unidad"... La parroquia está fundada sobre una realidad teológica porque ella es una comunidad eucarística... La parroquia es una comunidad de fe y una comunidad orgánica en la que el párroco, que representa al obispo diocesano, es el vínculo jerárquico con toda la Iglesia particular» (ChL 26).

Si la parroquia es la Iglesia que se encuentra entre las casas de los hombres, ella vive y obra entonces profundamente insertada en la sociedad humana e íntimamente solidaria con sus aspiraciones y dificultades.
La parroquia tiene la misión de evangelizar, de celebrar la liturgia, de impulsar la promoción humana, de adelantar la inculturación de la fe en las familias, en las CEBs, en los grupos y movimientos apostólicos y, a través de todos ellos, a la sociedad.
La parroquia, comunión orgánica y misionera, es así una red de comunidades.

61. La comunidad eclesial de base es célula viva de la parroquia, entendida ésta como comunión orgánica y misionera.
La CEB en sí misma, ordinariamente integrada por pocas familias, está llamada a vivir como comunidad de fe, de culto y de amor; ha de estar animada por laicos, hombres y mujeres adecuadamente preparados en el mismo proceso comunitario; los animadores han de estar en comunión con el párroco respectivo y el obispo.
« Las comunidades eclesiales de base deben caracterizarse siempre por una decidida proyección universalista y misionera que les infunda un renovado dinamismo apostólico» (Juan Pablo II, Discurso inaugural, 25). «Son un signo de vitalidad de la Iglesia, instrumento de formación y de evangelización, un punto de partida válido para una nueva sociedad fundada sobre la civilización del amor» (RMi 51).

62. Cuando no existe una clara fundamentación eclesiológica y una búsqueda sincera de comunión, estas comunidades dejan de ser eclesiales y pueden ser víctimas de manipulación ideológica o política.


III. LÍNEAS DE ACCIÓN (ACTUAR)

Objetivo:

Intensificar la comunión y participación en la vida y en la misión de la diócesis y de las parroquias, incorporándonos a las comunidades eclesiales, organizándonos en consejos y comisiones a todos los niveles y amándonos fraternalmente unos a otros según el mandamiento nuevo del Señor.

3.1 Primera línea de acción

“Promover una espiritualidad de la comunión, proponiéndola como principio educativo en todos los lugares donde se forma el hombre y el cristiano” (NMI. 43)

Estrategias:
3.1.1 Resaltando el carácter comunitario de la vida sacramental, especialmente de la Eucaristía, tanto en su preparación como en su celebración.
3.1.2 Haciendo de la comunidad local (aldea, colonia) y de la parroquia un lugar cálido de acogida para todos, especialmente para los más pobres y débiles.
3.1.3 Cuidando en las comunidades eclesiales, en los consejos, en las comisiones, en los movimientos, etc. no sólo la acción sino las relaciones fraternas de unos con otros: acogiendo, valorando, perdonando, sintiendo con el otro.
3.1.4 Intensificando las relaciones de fraternidad, de ayuda mutua y de cooperación entre los presbíteros, las religiosas y los laicos

3.2 Segunda línea de acción

Clarificar y avivar la identidad y la pertenencia eclesial en el actual contexto de pluralismo religioso y cristiano.


Estrategias:
3.2.1 Formando a todos los fieles en el conocimiento y en el amor a la verdadera Iglesia del Señor por medio de los diversos procesos catequéticos y educativos.
3.2.2 Cuidando los signos y los medios de pertenencia: informativos, afectivos, simbólicos, sacramentales.
3.2.3 Motivando y ofreciendo a todos la oportunidad de participar de diversos modos en las múltiples actividades de la parroquia para que se sientan implicados y no espectadores.
3.2.4 Integrándose cada vez mejor las asociaciones y movimientos de fieles laicos en la vida, actividad apostólica y planes pastorales de la parroquia y de la diócesis y aportando sus propias riquezas espirituales y apostólicas.
3.2.5 Fomentando el espíritu ecuménico con las Iglesias y comunidades que no están en plena comunión con la Iglesia Católica por medio de la oración, el acercamiento, el diálogo el respeto y la colaboración en la caridad.

3.3 Tercera línea de acción

Asumir, animar y organizar la parroquia como comunidad, a partir de las comunidades existentes y hacia el modelo de las que hemos llamado “comunidades eclesiales”.

Estrategias:
3.3.1 Formulando por escrito los rasgos que caracterizan en nuestra diócesis a las comunidades eclesiales a partir de los documentos eclesiales latinoamericanos y de nuestra experiencia diocesana (CEBs, asambleas familiares, pequeñas comunidades…)
3.3.2 Constituyendo y consolidando la organización y coordinación de las comunidades eclesiales en los diversos niveles: local, sectorial si lo hay, parroquial, zonal y diocesano.
3.3.3 Acompañando de cerca, formando y animando a las comunidades eclesiales, especialmente a sus animadores, por medio de los sacerdotes, religiosas, delegados y personas nombradas para ello.


3.4 Cuarta línea de acción

Promover una mayor comunicación y unificación de criterios, prioridades y orientaciones pastorales para asegurar y expresar la comunión en la acción pastoral.

Estrategias:
3.4.1 Asumiendo todos, especialmente los agentes de pastoral, el plan pastoral diocesano.
3.4.2 Elaborando los proyectos parroquiales y los proyectos de las comisiones de acuerdo al plan diocesano.
3.4.3 Redactando y asumiendo los criterios y normas de la pastoral sacramental que regirán en la diócesis.

3.5 Quinta línea de acción

Impulsar una pastoral que fomente la conciencia vocacional a fin de promover las diversas vocaciones en una Iglesia de comunión: sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos al servicio del evangelio.

Estrategias:
3.5.1 Realizando una concientización vocacional general en coordinación con la pastoral catequética infantil, con la pastoral juvenil y familiar.
3.5.2 Fortaleciendo la comisión diocesana y parroquial de pastoral vocacional, integrada por sacerdotes, religiosas y laicos.
3.5.3 Trazando y ejecutando un plan diocesano de pastoral vocacional que contemple todo el proceso: información, promoción, acompañamiento, formación, decisión.
3.5.4 Dando prioridad a las vocaciones sacerdotales diocesanas, teniendo en cuenta su urgente necesidad.

3.6 Sexta línea de acción

Promover aquellos organismos de comunión y participación que faltan en la diócesis y consolidar los existentes.

Estrategias:
3.6.1 Organizando el consejo pastoral diocesano, a partir de la organización por zonas pastorales y por comisiones agrupadas en departamentos.
3.6.2 Constituyendo los consejos de asuntos económicos parroquiales y diocesano.
3.6.3 Revisando y reestructurando, si fuera necesario, el número, tipo y coordinación de las comisiones diocesanas de pastoral.
3.6.4 Cuidando los organismos del clero: reuniones de presbiterio y consejo presbiteral y los organismos de la vida consagrada: confereh diocesana y zonal.


 
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