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PRIORIDAD PASTORAL SEGUNDA:
MISIONEROS DE JESUCRISTO
“Animar el espíritu misionero
de las personas y de las comunidades para que nuestra Iglesia
sea verdaderamente
evangelizadora.”
I. MIRADA A LA REALIDAD (VER)
Nuevos desafíos y nuevas interpelaciones
Al mirar nuestra realidad hondureña con ojos de discípulos
y misioneros, advertimos que los amplios y profundos cambios
culturales que se están dando interpelan seriamente
nuestra acción evangelizadora. Hoy percibimos desafíos
nuevos y globales a los cuales es urgente responder con una “nueva
evangelización”.
Aspectos positivos más relevantes
En los seis últimos años nuestra Iglesia diocesana,
en sintonía con la Iglesia universal y latinoamericana,
ha vivido intensamente algunos acontecimientos que han dejado
una huella en la sensibilidad religiosa de nuestras comunidades,
han revitalizado el espíritu misionero y han movilizado
a muchos laicos en una renovada evangelización. Estos
acontecimientos han sido: el Jubileo del año 2000, el
Congreso Misionero Americano y la Santa Misión 2006.
En los últimos diez años ha crecido significativamente
el número de misioneros consagrados a tiempo completo
al servicio del evangelio con la incorporación de nuevos
sacerdotes, religiosos y religiosas de diversas diócesis
y congregaciones religiosas y con la ordenación de una
docena de presbíteros hondureños.
Los fieles laicos han tomado conciencia
de que también
ellos participan de la misión de la Iglesia, se han
incorporado a las diversas acciones pastorales y forman parte
mayoritaria de las diversas comisiones de animación
y coordinación pastoral. Reconocemos la gran labor que
realizan tantos delegados de la palabra, catequistas, animadores
de comunidades, etc.
Por los medios de comunicación social, especialmente
por medio de las seis emisoras de la diócesis, se está realizando
una amplia y permanente evangelización y formación
religiosa que llega no sólo a las personas implicadas
en la vida eclesial sino también a personas más
o menos alejadas.
Aspectos críticos más
cuestionantes
Necesitamos más entusiasmo y ardor misionero para salir
hacia los alejados, a los que no vienen, a los indiferentes
y católicos convencionales. Nuestra dinámica
pastoral aún consume mucho tiempo y energías
en actividades intraeclesiales y propias de cada grupo.
No llegamos con suficiente atención y cercanía
a todos los lugares y ambientes rurales y marginales. Nos falta
una pastoral organizada, creativa y adaptada a los nuevos ambientes
de la juventud trabajadora en las maquilas y de la juventud
en situaciones especiales. Y es débil la pastoral específica
con las élites empresariales, intelectuales y profesionales
para una evangelización de la cultura.
En nuestra diócesis, la familia necesita ser evangelizada,
es decir, necesita conocer, asimilar y practicar los valores
del evangelio en su vida doméstica y social. Conocemos
los síntomas de una grave crisis: elevado número
de hogares desintegrados, violencia doméstica, desigualdad
ante varones y mujeres, madres solteras, hijos abandonados,
infidelidad conyugal, bajo número de matrimonios con
el sacramento, deficiente educación religiosa de los
hijos.
Es deficiente el compromiso de los laicos
en la evangelización
y transformación de sus propios ambientes sociales,
políticos, económicos, legales, etc. Pareciera
que hay un repliegue hacia el apostolado intraeclesial y un
descuido de su propio campo de acción como es la sociedad
en la que viven y trabajan, tan necesitada de los valores del
Evangelio: la justicia, la paz, la solidaridad, la responsabilidad ética.
II. ILUMINACIÓN DOCTRINAL (JUZGAR)
Documento de Puebla. III Conferencia General
348. La misión evangelizadora es de todo el Pueblo
de Dios. Es su vocación primordial, «su identidad
más profunda» (EN 14). Es su gozo. El Pueblo de
Dios con todos sus miembros, instituciones y planes, existe
para evangelizar. El dinamismo del Espíritu de Pentecostés
lo anima y lo envía a todas las gentes. Nuestras Iglesias
particulares han de escuchar con renovado entusiasmo el mandato
del Señor: «Id, pues, y haced discípulos
a todas las gentes» (Mt 28,19).
349. La Iglesia se convierte cada día a la Palabra de
verdad; sigue a Cristo encarnado, muerto y resucitado, por
los caminos de la historia y se hace servidora del Evangelio
para transmitirlo a los hombres con plena fidelidad.
350. A partir de la persona llamada a la comunión con
Dios y con los hombres, el Evangelio debe penetrar en su corazón,
en sus experiencias y modelos de vida, en su cultura y ambientes,
para hacer una nueva humanidad con hombres nuevos y encaminar
a todos hacia una nueva manera de ser, de juzgar, de vivir
y convivir. Todo esto es un servicio que nos urge.
351. Afirmamos que la Evangelización «debe contener
siempre una clara proclamación de que en Jesucristo,
Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado, se ofrece la
salvación a todos los hombres, como don de la gracia
y de la misericordia de Dios» (EN 27). He aquí lo
que es base, centro y a la vez culmen de su dinamismo, el contenido
esencial de la Evangelización.
352. La Evangelización da a conocer a Jesús como
el Señor, que nos revela al Padre y nos comunica su
Espíritu. Nos llama a la conversión que es reconciliación
y vida nueva, nos lleva a la comunión con el Padre que
nos hace hijos y hermanos. Hace brotar, por la caridad derramada
en nuestros corazones, frutos de justicia, de perdón,
de respeto, de dignidad, de paz en el mundo.
353. La salvación que nos ofrece Cristo da sentido a
todas las aspiraciones y realizaciones humanas, pero las cuestiona
y las desborda infinitamente. Aunque «comienza ciertamente
en esta vida, tiene su cumplimiento en la eternidad» (EN
27). Se origina en Cristo, en su encarnación, en toda
su vida, «se logra de manera definitiva en su muerte
y resurrección». Se continúa en la historia
de los hombres por el misterio de la Iglesia bajo la influencia
permanente del Espíritu que la precede, la acompaña,
le da fecundidad apostólica.
354. Esta misma salvación, centro de la Buena Nueva, «es
liberación de lo que oprime al hombre, pero, sobre todo,
liberación del pecado y del maligno, dentro de la alegría
de conocer a Dios y de ser conocido por Él, de verlo
y de entregarse a Él» (EN 9).
355. Sin embargo, tiene «lazos muy fuertes» con
la promoción humana en sus aspectos de desarrollo y
liberación parte integrante de la evangelización.
Estos aspectos brotan de la riqueza misma de la salvación,
de la activación de la caridad de Dios en nosotros a
la que quedan subordinados. La Iglesia «no necesita,
pues, recurrir a sistemas e ideologías para amar, defender,
colaborar en la liberación del hombre: en el centro
del mensaje del cual es depositaria y pregonera, ella encuentra
inspiración para actuar en favor de la fraternidad,
de la justicia, de la paz; contra las dominaciones, esclavitudes,
discriminaciones, violencias, atentados a la libertad religiosa,
agresiones contra el hombre y cuanto atenta contra la vida» (Juan
Pablo II, Discurso inaugural III 2).
.
La Iglesia, mediante su dinamismo evangelizador, genera este
proceso:
356. —Da testimonio de Dios, revelado en Cristo por
el Espíritu que clama en nosotros Abba «Padre» .
Así comunica la experiencia de su fe en Él.
357. —Anuncia la Buena Nueva de Jesucristo mediante la
palabra de vida: anuncio que suscita la fe, la predicación
y la catequesis progresiva que la alimenta y la educa.
358. —Engendra la fe que es conversión del corazón,
de la vida; entrega a Jesucristo; participación en su
muerte para que su vida se manifieste en cada hombre. Esta
fe que también denuncia lo que se opone a la construcción
del Reino, implica rupturas necesarias y a veces dolorosas.
359. —Conduce al ingreso en la comunidad de los fieles
que perseveran en la oración, en la convivencia fraterna
y celebran la fe y los sacramentos de la fe, cuya cumbre es
la Eucaristía.
360. —Envía como misioneros a los que recibieron
el Evangelio, con el ansia de que todos los hombres sean ofrecidos
a Dios y que todos los pueblos le alaben.
361. Así la Iglesia, en cada uno de sus miembros es
consagrada en Cristo por el Espíritu, enviada a predicar
la Buena Nueva a los pobres y a «buscar y salvar lo que
estaba perdido» (Lc 19,10)
III. LÍNEAS DE ACCIÓN (ACTUAR)
Objetivo:
Anunciar el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo a
todas las personas y ambientes, para suscitar y renovar la
fe y evangelizar la cultura, partiendo de los nuevos desafíos.
2.1 Primera línea de acción
Conocer la realidad de nuestro pueblo
y estudiar los distintos ambientes y sectores de la sociedad
en orden a una adecuada
evangelización.
Estrategias:
2.1.1 Divulgando, estudiando y aplicando las conclusiones de
la V Conferencia General del CELAM.
2.1.2 Utilizando, en la dinámica de reunión de
las comunidades eclesiales y en la planificación de
las parroquias y de las comisiones, la pedagogía de
mirar la realidad y escuchar la Palabra en orden a la acción
transformadora (Ver-Juzgar-Actuar-Orar).
2.1.3 Percibiendo los valores de la religiosidad (o piedad)
popular, ayudándola a superar sus riesgos de desviación
y orientándola mediante una pedagogía de evangelización.
2.1.4 Analizando los motivos por los que bastantes católicos
abandonan la Iglesia y se pasan a nuevos grupos cristianos,
comúnmente denominados sectas.
2.2 Segunda línea de acción
Animar y formar una ardorosa espiritualidad
misionera en los fieles evangelizados, en las parroquias
y en la diócesis
toda.
Estrategias:
2.2.1 Constituyendo la comisión diocesana de animación
misionera, incluyendo en ella la OMP, y siguiendo los objetivos
de la Comisión Nacional de Misiones (CONAMI)
2.2.2 Apoyando los cursos de animación misionera que
dirige en las diócesis el equipo nacional y preparando
nosotros los animadores.
2.2.3 Resaltando siempre la dimensión misionera de la
diócesis, de la parroquia y de cada cristiano, en la
catequesis, en la predicación y en la formación
cristiana.
2.3 Tercera línea de acción
Salir misioneramente hacia las personas
alejadas o indiferentes, visitar los hogares, conocer los
ambientes, para llevar la
Palabra de verdad y de vida, acompañada por el testimonio.
Estrategias:
2.3.1 Continuando el método de “visitas a los
hogares”, que se utilizó en tiempo de la Santa
Misión, como un método permanente, debidamente
organizado en sus objetivos y en su pedagogía.
2.3.2 Evangelizando con sencillez sin imponer, con audacia
y sin temor, de persona a persona, en los ambientes de convivencia
y de trabajo. Estudiando y reflexionando la manera propia de
evangelizar a los grupos dirigentes de la política,
economía y cultura, lo que ya Medellín llama
la “Pastoral de élites”, que en nuestra
diócesis tienen tanta importancia.
2.3.3 Preparando y ofreciendo a las parroquias “equipos
itinerantes” al servicio de la evangelización
y de las comunidades eclesiales en el marco de las directrices
diocesanas.
2.4 Cuarta línea de acción
Consolidar una pastoral familiar de acompañamiento,
formación y apoyo a las familias cristianas para que,
bien evangelizadas, sean transmisoras de la fe en el hogar
y evangelizadoras de otras familias.
Estrategias:
2.4.1 Consolidando y dinamizando la comisión de pastoral
familiar en todas los niveles: diocesano, zonal y parroquial,
formada por todos los implicados de diversas formas en la pastoral
familiar: comunidades eclesiales, movimientos familiares, etc.
2.4.2 Organizando, donde sea posible, la “catequesis
familiar” que implica a los padres, a los niños
y a los catequistas, integrándola en la organización
de la catequesis diocesana.
2.4.3 Preparando e implicando cada vez más a la familia
en los sacramentos de la iniciación y del matrimonio,
siguiendo los “criterios y normas de la pastoral sacramental”.
2.5 Quinta línea de acción
Crecer en la fe, por la que se ha respondido
al anuncio del Evangelio, a través de la catequesis de iniciación:
proceso orgánico y sistemático de instrucción,
educación e iniciación de niños y jóvenes,
o de adultos no bautizados o de adultos bautizados no practicantes.
Estrategias:
2.5.1 Llevando adelante el proyecto diocesano de catequesis
de iniciación, animado y coordinado por las comisiones
diocesanas y parroquiales, en el marco del Directorio Diocesano
de Catequesis, y ejecutado por catequistas motivados y preparados.
2.5.2 Diseñando, según la tradición de
la Iglesia y las orientaciones actuales, el catecumenado de
adultos, bien sea de adultos no bautizados o de adultos bautizados,
pero alejados de la vida eclesial, así como la relación
de este catecumenado con las comunidades eclesiales.
2.5.3 Teniendo en todas las parroquias el R.I.C.A. (Ritual
de iniciación del catecumenado de adultos) y estudiándolo
los sacerdotes con los agentes de pastoral para ponerlo en
práctica.
2.6 Sexta línea de acción
Conocer el lenguaje, naturaleza y características de
los medios de comunicación social y usarlos competentemente
para la evangelización integral.
Estrategias:
2.6.1 Preparando personas para el buen uso profesional y pastoral
de estos medios.
2.6.2 Utilizando no sólo los medios propios de la
Iglesia sino los de otras instituciones privadas que los
ponen a nuestro
servicio.
2.6.3 Potenciando la comisión diocesana de MCS que integra
a aquellos católicos que trabajan en medios de la Iglesia
(prensa, radio, televisión) y en medios de otros propietarios.
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