Diócesis de San Pedro Sula, Honduras.
 
 
Documentos / Plan Pastoral Diocesano 2007 - 2010
 


PRIORIDAD PASTORAL SEGUNDA:
MISIONEROS DE JESUCRISTO

“Animar el espíritu misionero de las personas y de las comunidades para que nuestra Iglesia sea verdaderamente evangelizadora.”


I. MIRADA A LA REALIDAD (VER)

Nuevos desafíos y nuevas interpelaciones

Al mirar nuestra realidad hondureña con ojos de discípulos y misioneros, advertimos que los amplios y profundos cambios culturales que se están dando interpelan seriamente nuestra acción evangelizadora. Hoy percibimos desafíos nuevos y globales a los cuales es urgente responder con una “nueva evangelización”.

Aspectos positivos más relevantes

En los seis últimos años nuestra Iglesia diocesana, en sintonía con la Iglesia universal y latinoamericana, ha vivido intensamente algunos acontecimientos que han dejado una huella en la sensibilidad religiosa de nuestras comunidades, han revitalizado el espíritu misionero y han movilizado a muchos laicos en una renovada evangelización. Estos acontecimientos han sido: el Jubileo del año 2000, el Congreso Misionero Americano y la Santa Misión 2006.

En los últimos diez años ha crecido significativamente el número de misioneros consagrados a tiempo completo al servicio del evangelio con la incorporación de nuevos sacerdotes, religiosos y religiosas de diversas diócesis y congregaciones religiosas y con la ordenación de una docena de presbíteros hondureños.

Los fieles laicos han tomado conciencia de que también ellos participan de la misión de la Iglesia, se han incorporado a las diversas acciones pastorales y forman parte mayoritaria de las diversas comisiones de animación y coordinación pastoral. Reconocemos la gran labor que realizan tantos delegados de la palabra, catequistas, animadores de comunidades, etc.

Por los medios de comunicación social, especialmente por medio de las seis emisoras de la diócesis, se está realizando una amplia y permanente evangelización y formación religiosa que llega no sólo a las personas implicadas en la vida eclesial sino también a personas más o menos alejadas.

Aspectos críticos más cuestionantes

Necesitamos más entusiasmo y ardor misionero para salir hacia los alejados, a los que no vienen, a los indiferentes y católicos convencionales. Nuestra dinámica pastoral aún consume mucho tiempo y energías en actividades intraeclesiales y propias de cada grupo.

No llegamos con suficiente atención y cercanía a todos los lugares y ambientes rurales y marginales. Nos falta una pastoral organizada, creativa y adaptada a los nuevos ambientes de la juventud trabajadora en las maquilas y de la juventud en situaciones especiales. Y es débil la pastoral específica con las élites empresariales, intelectuales y profesionales para una evangelización de la cultura.

En nuestra diócesis, la familia necesita ser evangelizada, es decir, necesita conocer, asimilar y practicar los valores del evangelio en su vida doméstica y social. Conocemos los síntomas de una grave crisis: elevado número de hogares desintegrados, violencia doméstica, desigualdad ante varones y mujeres, madres solteras, hijos abandonados, infidelidad conyugal, bajo número de matrimonios con el sacramento, deficiente educación religiosa de los hijos.

Es deficiente el compromiso de los laicos en la evangelización y transformación de sus propios ambientes sociales, políticos, económicos, legales, etc. Pareciera que hay un repliegue hacia el apostolado intraeclesial y un descuido de su propio campo de acción como es la sociedad en la que viven y trabajan, tan necesitada de los valores del Evangelio: la justicia, la paz, la solidaridad, la responsabilidad ética.

II. ILUMINACIÓN DOCTRINAL (JUZGAR)

Documento de Puebla. III Conferencia General

348. La misión evangelizadora es de todo el Pueblo de Dios. Es su vocación primordial, «su identidad más profunda» (EN 14). Es su gozo. El Pueblo de Dios con todos sus miembros, instituciones y planes, existe para evangelizar. El dinamismo del Espíritu de Pentecostés lo anima y lo envía a todas las gentes. Nuestras Iglesias particulares han de escuchar con renovado entusiasmo el mandato del Señor: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes» (Mt 28,19).

349. La Iglesia se convierte cada día a la Palabra de verdad; sigue a Cristo encarnado, muerto y resucitado, por los caminos de la historia y se hace servidora del Evangelio para transmitirlo a los hombres con plena fidelidad.

350. A partir de la persona llamada a la comunión con Dios y con los hombres, el Evangelio debe penetrar en su corazón, en sus experiencias y modelos de vida, en su cultura y ambientes, para hacer una nueva humanidad con hombres nuevos y encaminar a todos hacia una nueva manera de ser, de juzgar, de vivir y convivir. Todo esto es un servicio que nos urge.

351. Afirmamos que la Evangelización «debe contener siempre una clara proclamación de que en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado, se ofrece la salvación a todos los hombres, como don de la gracia y de la misericordia de Dios» (EN 27). He aquí lo que es base, centro y a la vez culmen de su dinamismo, el contenido esencial de la Evangelización.

352. La Evangelización da a conocer a Jesús como el Señor, que nos revela al Padre y nos comunica su Espíritu. Nos llama a la conversión que es reconciliación y vida nueva, nos lleva a la comunión con el Padre que nos hace hijos y hermanos. Hace brotar, por la caridad derramada en nuestros corazones, frutos de justicia, de perdón, de respeto, de dignidad, de paz en el mundo.

353. La salvación que nos ofrece Cristo da sentido a todas las aspiraciones y realizaciones humanas, pero las cuestiona y las desborda infinitamente. Aunque «comienza ciertamente en esta vida, tiene su cumplimiento en la eternidad» (EN 27). Se origina en Cristo, en su encarnación, en toda su vida, «se logra de manera definitiva en su muerte y resurrección». Se continúa en la historia de los hombres por el misterio de la Iglesia bajo la influencia permanente del Espíritu que la precede, la acompaña, le da fecundidad apostólica.

354. Esta misma salvación, centro de la Buena Nueva, «es liberación de lo que oprime al hombre, pero, sobre todo, liberación del pecado y del maligno, dentro de la alegría de conocer a Dios y de ser conocido por Él, de verlo y de entregarse a Él» (EN 9).

355. Sin embargo, tiene «lazos muy fuertes» con la promoción humana en sus aspectos de desarrollo y liberación parte integrante de la evangelización. Estos aspectos brotan de la riqueza misma de la salvación, de la activación de la caridad de Dios en nosotros a la que quedan subordinados. La Iglesia «no necesita, pues, recurrir a sistemas e ideologías para amar, defender, colaborar en la liberación del hombre: en el centro del mensaje del cual es depositaria y pregonera, ella encuentra inspiración para actuar en favor de la fraternidad, de la justicia, de la paz; contra las dominaciones, esclavitudes, discriminaciones, violencias, atentados a la libertad religiosa, agresiones contra el hombre y cuanto atenta contra la vida» (Juan Pablo II, Discurso inaugural III 2).
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La Iglesia, mediante su dinamismo evangelizador, genera este proceso:

356. —Da testimonio de Dios, revelado en Cristo por el Espíritu que clama en nosotros Abba «Padre» . Así comunica la experiencia de su fe en Él.

357. —Anuncia la Buena Nueva de Jesucristo mediante la palabra de vida: anuncio que suscita la fe, la predicación y la catequesis progresiva que la alimenta y la educa.

358. —Engendra la fe que es conversión del corazón, de la vida; entrega a Jesucristo; participación en su muerte para que su vida se manifieste en cada hombre. Esta fe que también denuncia lo que se opone a la construcción del Reino, implica rupturas necesarias y a veces dolorosas.

359. —Conduce al ingreso en la comunidad de los fieles que perseveran en la oración, en la convivencia fraterna y celebran la fe y los sacramentos de la fe, cuya cumbre es la Eucaristía.

360. —Envía como misioneros a los que recibieron el Evangelio, con el ansia de que todos los hombres sean ofrecidos a Dios y que todos los pueblos le alaben.

361. Así la Iglesia, en cada uno de sus miembros es consagrada en Cristo por el Espíritu, enviada a predicar la Buena Nueva a los pobres y a «buscar y salvar lo que estaba perdido» (Lc 19,10)

III. LÍNEAS DE ACCIÓN (ACTUAR)

Objetivo:

Anunciar el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo a todas las personas y ambientes, para suscitar y renovar la fe y evangelizar la cultura, partiendo de los nuevos desafíos.

2.1 Primera línea de acción

Conocer la realidad de nuestro pueblo y estudiar los distintos ambientes y sectores de la sociedad en orden a una adecuada evangelización.

Estrategias:
2.1.1 Divulgando, estudiando y aplicando las conclusiones de la V Conferencia General del CELAM.
2.1.2 Utilizando, en la dinámica de reunión de las comunidades eclesiales y en la planificación de las parroquias y de las comisiones, la pedagogía de mirar la realidad y escuchar la Palabra en orden a la acción transformadora (Ver-Juzgar-Actuar-Orar).
2.1.3 Percibiendo los valores de la religiosidad (o piedad) popular, ayudándola a superar sus riesgos de desviación y orientándola mediante una pedagogía de evangelización.
2.1.4 Analizando los motivos por los que bastantes católicos abandonan la Iglesia y se pasan a nuevos grupos cristianos, comúnmente denominados sectas.

2.2 Segunda línea de acción

Animar y formar una ardorosa espiritualidad misionera en los fieles evangelizados, en las parroquias y en la diócesis toda.

Estrategias:
2.2.1 Constituyendo la comisión diocesana de animación misionera, incluyendo en ella la OMP, y siguiendo los objetivos de la Comisión Nacional de Misiones (CONAMI)
2.2.2 Apoyando los cursos de animación misionera que dirige en las diócesis el equipo nacional y preparando nosotros los animadores.
2.2.3 Resaltando siempre la dimensión misionera de la diócesis, de la parroquia y de cada cristiano, en la catequesis, en la predicación y en la formación cristiana.

2.3 Tercera línea de acción

Salir misioneramente hacia las personas alejadas o indiferentes, visitar los hogares, conocer los ambientes, para llevar la Palabra de verdad y de vida, acompañada por el testimonio.

Estrategias:
2.3.1 Continuando el método de “visitas a los hogares”, que se utilizó en tiempo de la Santa Misión, como un método permanente, debidamente organizado en sus objetivos y en su pedagogía.
2.3.2 Evangelizando con sencillez sin imponer, con audacia y sin temor, de persona a persona, en los ambientes de convivencia y de trabajo. Estudiando y reflexionando la manera propia de evangelizar a los grupos dirigentes de la política, economía y cultura, lo que ya Medellín llama la “Pastoral de élites”, que en nuestra diócesis tienen tanta importancia.
2.3.3 Preparando y ofreciendo a las parroquias “equipos itinerantes” al servicio de la evangelización y de las comunidades eclesiales en el marco de las directrices diocesanas.

2.4 Cuarta línea de acción

Consolidar una pastoral familiar de acompañamiento, formación y apoyo a las familias cristianas para que, bien evangelizadas, sean transmisoras de la fe en el hogar y evangelizadoras de otras familias.

Estrategias:
2.4.1 Consolidando y dinamizando la comisión de pastoral familiar en todas los niveles: diocesano, zonal y parroquial, formada por todos los implicados de diversas formas en la pastoral familiar: comunidades eclesiales, movimientos familiares, etc.
2.4.2 Organizando, donde sea posible, la “catequesis familiar” que implica a los padres, a los niños y a los catequistas, integrándola en la organización de la catequesis diocesana.
2.4.3 Preparando e implicando cada vez más a la familia en los sacramentos de la iniciación y del matrimonio, siguiendo los “criterios y normas de la pastoral sacramental”.


2.5 Quinta línea de acción

Crecer en la fe, por la que se ha respondido al anuncio del Evangelio, a través de la catequesis de iniciación: proceso orgánico y sistemático de instrucción, educación e iniciación de niños y jóvenes, o de adultos no bautizados o de adultos bautizados no practicantes.

Estrategias:
2.5.1 Llevando adelante el proyecto diocesano de catequesis de iniciación, animado y coordinado por las comisiones diocesanas y parroquiales, en el marco del Directorio Diocesano de Catequesis, y ejecutado por catequistas motivados y preparados.
2.5.2 Diseñando, según la tradición de la Iglesia y las orientaciones actuales, el catecumenado de adultos, bien sea de adultos no bautizados o de adultos bautizados, pero alejados de la vida eclesial, así como la relación de este catecumenado con las comunidades eclesiales.
2.5.3 Teniendo en todas las parroquias el R.I.C.A. (Ritual de iniciación del catecumenado de adultos) y estudiándolo los sacerdotes con los agentes de pastoral para ponerlo en práctica.

2.6 Sexta línea de acción

Conocer el lenguaje, naturaleza y características de los medios de comunicación social y usarlos competentemente para la evangelización integral.

Estrategias:
2.6.1 Preparando personas para el buen uso profesional y pastoral de estos medios.
2.6.2 Utilizando no sólo los medios propios de la Iglesia sino los de otras instituciones privadas que los ponen a nuestro servicio.
2.6.3 Potenciando la comisión diocesana de MCS que integra a aquellos católicos que trabajan en medios de la Iglesia (prensa, radio, televisión) y en medios de otros propietarios.


 
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