Diócesis de San Pedro Sula, Honduras.
 
 
Documentos / Plan Pastoral Diocesano 2007 - 2010
 
PRESENTACIÓN Y PROMULGACIÓN

Tengo la satisfacción de presentarles y promulgar el Plan Pastoral Diocesano. Lo considero como un buen medio de análisis y de discernimiento en su fase de elaboración y como un instrumento adecuado de comunión de ideales y de coordinación de orientaciones y de actividades una vez promulgado.

El texto que tienen entre manos es el resultado del esfuerzo analítico, iluminador y proyectivo de muchas personas. Pero los frutos de este trabajo son más ricos y variados que el mero texto. La elaboración y puesta en práctica del Plan Pastoral favorecen el conocimiento de la realidad, el diálogo, el consenso, la comunión personal y el compromiso creativo y solidario por el Reino de Dios.

El Plan se organiza en torno a cuatro prioridades pastorales. Llamamos “prioridad” a aquellos aspectos de nuestra realidad social y religiosa que más nos preocupan y cuestionan, que requieren una atención, urgente y solicita, de parte de la Iglesia, como sacramento de salvación. Estas prioridades se concentran en torno a cuatro núcleos: el discipulado como seguimiento de Jesucristo, la misión evangelizadora, las comunidades eclesiales y la vida digna y plena de todos.

En cada prioridad se sigue el método de ver-juzgar-actuar, tradicional en nuestra Iglesia Latinoamericana. En el “ver” hemos concentrado la mirada en aquellos puntos más significativos, novedosos, convergentes e influyentes.

En el “juzgar” recogemos algunas enseñanzas del magisterio postconciliar más directamente referidas a la Iglesia Latinoamericana. Cada prioridad es iluminada con un texto de “La Iglesia en América”, Puebla, Santo. Domingo y Medellín, respectivamente.

El “actuar” es la parte más desarrollada. Necesitábamos dar forma operativa y organizada a lo que ya estamos haciendo y a las aspiraciones de renovación pastoral, compartidas en muchas reuniones y encuentros. En el “actuar” se recoge el “objetivo” que responde a cada prioridad, algunas “líneas de acción” que orientan y señalan el camino y las “estrategias” que convierten en acción más concreta y encarnada las orientaciones operativas.

Este Plan Pastoral servirá de motivación, de marco y de cauce para las zonas pastorales y para las parroquias. Los consejos y comisiones, en los diversos niveles, la directiva de asociaciones y movimientos lo harán objeto de estudio y de diálogo para aplicarlo en sus respectivos planes y programas pastorales. Así lograremos más fácilmente la pastoral de conjunto que todos deseamos.

Estoy promulgando este Plan Diocesano en el tiempo litúrgico pascual, tiempo en el que la Iglesia exulta de gozo y se llena de entusiasmo misionero al celebrar la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Ciertamente que Aquél en quien creemos y a quien amamos, quien nos reúne en comunidad y a quien anunciamos no es un “plan pastoral” sino Jesucristo, el Señor, el Salvador. Este Plan Pastoral es simplemente un medio que, usado con espíritu, con inteligencia y corazón, nos ayudará muchísimo a crecer en comunión, a revitalizar la evangelización y a trabajar para que todos, especialmente los pobres, tengamos vida en plenitud.

Lo promulgo el día 13 de mayo, día en que se celebra la apertura de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y Caribeño. Es un signo de comunión en el amor, en la fe y en la esperanza, vivida en el interior de nuestras Iglesias y testimoniada en el entramado de la vida de nuestros pueblos.

Glosando unas palabras de Medellín, termino esta presentación diciéndoles: no basta reflexionar y programar; lograr mayor clarividencia en el concepto y en las propuestas. Es la hora de la acción. Es la hora de ejecutar todos, cada uno según su vocación, comunidad y servicio, las opciones tomadas y las estrategias establecidas.

Hoy, como en los comienzos de la Iglesia, el Espíritu Santo nos reúne en comunidad de discípulos, nos empuja a la misión evangelizadora, derrama sus dones y carismas diversos y nos da la vida eterna. Dejémonos llevar por el Espíritu.

San Pedro Sula, 13 de mayo de 2007, día de la inauguración de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.


+ Ángel Garachana Pérez, CMF
Obispo de San Pedro Sula

 

El objetivo General

“Anunciar a Jesucristo, para suscitar y renovar la fe de sus discípulos, mediante una fe madurada, vivida y celebrada en comunidades eclesiales, encarnadas en sus ambientes, y enviadas a testimoniar y a servir al evangelio del amor y de la justicia para que el pueblo tenga vida en plenitud”



PRIORIDAD PASTORAL PRIMERA:
DISCÍPULOS DE JESUCRISTO

“Llegar con profundidad a la persona que se encuentra con Jesucristo y que ha de responder con rigor y lucidez a los grandes desafíos de nuestro tiempo en la Diócesis de SPS.”


I. MIRADA A LA REALIDAD (VER)

Situación de cambio

Honduras vive una época de transición, una situación de cambio cultural que afecta a la manera de pensar, sentir, actuar y simbolizar. Este cambio afecta profundamente a nuestra Iglesia, que experimenta la crisis de un modelo tradicional, social, insuficientemente personalizado y poco formado y siente la urgencia de una profunda renovación en su vida, en su misión y en sus estructuras.

Aspectos positivos más relevantes

El pueblo hondureño tiene un sustrato religioso que conecta con la persona concreta, con su mundo afectivo, con sus ritos y símbolos y con sus necesidades. Existe un deseo colectivo religioso, una búsqueda de Dios, de lo espiritual, de lo sagrado, con muy variadas expresiones y formas.

Bajo el impulso y la inspiración del Concilio Vaticano II y sus aplicaciones en América Latina realizadas por las Conferencia Generales del Episcopado (Medellín, Puebla, Santo. Domingo) cada vez son más los católicos que, superando modelos del pasado, han madurado en una fe personal y eclesial, consciente y formada, vivida y comprometida.

Nuestra Iglesia ha invertido mucho tiempo, medios, energías y personas para la formación integral de los fieles: teológica, pastoral, espiritual y social. La diócesis, las parroquias, las comisiones diocesanas, los movimientos ofrecen cursos, talleres, retiros, etc., para una formación cada vez más completa y actualizada.

Ha crecido el aprecio y estima de la Palabra de Dios. Palabra escuchada y celebrada en la liturgia y leída, meditada y orada en las comunidades eclesiales y en la familia; Palabra que anima e inspira la predicación y la catequesis; Palabra estudiada en los diversos ámbitos de la formación; y Palabra que va transformando el corazón y la vida de muchas personas.

Aspectos críticos más cuestionantes

El sustrato religioso del pueblo hondureño, incluso el rebrotar de lo religioso y sagrado, es ambiguo y confuso desde el punto de vista cristiano, como lo muestran algunos indicadores: se abusa del nombre de Dios y se utiliza para los propios intereses políticos y económicos; crece el número de personas que se hacen una religión a su medida y a su gusto; se valora la religión principalmente por sus aspectos afectivos y emotivos, desvinculados frecuentemente de lo moral y doctrinal.

Se va extendiendo, también entre los católicos, un estilo de vida cristiana que llamamos “espiritualista”, para distinguirlo de la verdadera espiritualidad y que se caracteriza por una imagen de Dios ajeno a nuestra historia, por un culto y oración separado de la vida, por un olvido de la justicia y solidaridad social.

Muchos católicos han dejado sus prácticas religiosas y su participación en la vida eclesial al emigrar del campo a la ciudad. Están como desarraigados. Otros, ante el pluralismo religioso se han sentido confundidos y han caído en el sincretismo religiosos. Un número considerable se ha incorporado a los diversos grupos evangélicos por diversas causas. Todo esto es síntoma de una fe poco evangelizada y poco personalizada.


II. ILUMINACIÓN DOCTRINAL (JUZGAR)

Ecclesia in America. Exhortación Apostólica Post-sinodal.
Juan Pablo II

68. El encuentro con el Señor produce una profunda transformación de quienes no se cierran a Él. El primer impulso que surge de esta transformación es comunicar a los demás la riqueza adquirida en la experiencia de este encuentro. No se trata sólo de enseñar lo que hemos conocido, sino también, como la mujer samaritana, de hacer que los demás encuentren personalmente a Jesús: «Venid a ver» (Jn 4, 29). El resultado será el mismo que se verificó en el corazón de los samaritanos, que decían a la mujer: «Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo» (Jn 4, 42). La Iglesia, que vive de la presencia permanente y misteriosa de su Señor resucitado, tiene como centro de su misión «llevar a todos los hombres al encuentro con Jesucristo».

…. La presencia del Resucitado en la Iglesia hace posible nuestro encuentro con Él, gracias a la acción invisible de su Espíritu vivificante. Este encuentro se realiza en la fe recibida y vivida en la Iglesia, cuerpo místico de Cristo. Este encuentro, pues, tiene esencialmente una dimensión eclesial y lleva a un compromiso de vida. En efecto, «encontrar a Cristo vivo es aceptar su amor primero, optar por Él, adherir libremente a su persona y proyecto, que es el anuncio y la realización del Reino de Dios».
… . Seguirle es vivir como Él vivió, aceptar su mensaje, asumir sus criterios, abrazar su suerte, participar su propósito que es el plan del Padre: invitar a todos a la comunión trinitaria y a la comunión con los hermanos en una sociedad justa y solidaria»…

29. La propuesta de un nuevo estilo de vida no es sólo para los Pastores, sino más bien para todos los cristianos que viven en América. A todos se les pide que profundicen y asuman la auténtica espiritualidad cristiana. «En efecto, espiritualidad es un estilo o forma de vivir según las exigencias cristianas, la cual es “la vida en Cristo” y “en el Espíritu”, que se acepta por la fe, se expresa por el amor y, en esperanza, es conducida a la vida dentro de la comunidad eclesial». En este sentido, por espiritualidad, que es la meta a la que conduce la conversión, se entiende no «una parte de la vida, sino la vida toda guiada por el Espíritu Santo». Entre los elementos de espiritualidad que todo cristiano tiene que hacer suyos sobresale la oración. Ésta lo «conducirá poco a poco a adquirir una mirada contemplativa de la realidad, que le permitirá reconocer a Dios siempre y en todas las cosas; contemplarlo en todas las personas; buscar su voluntad en los acontecimientos».

La oración tanto personal como litúrgica es un deber de todo cristiano. «Jesucristo, evangelio del Padre, nos advierte que sin Él no podemos hacer nada (cf. Jn 15, 5)…La espiritualidad cristiana se alimenta ante todo de una vida sacramental asidua, por ser los Sacramentos raíz y fuente inagotable de la gracia de Dios, necesaria para sostener al creyente en su peregrinación terrena .Esta vida ha de estar integrada con los valores de su piedad popular, los cuales a su vez se verán enriquecidos por la práctica sacramental y libre del peligro de degenerar en mera rutina. Por otra parte, la espiritualidad no se contrapone a la dimensión social del compromiso cristiano. Al contrario, el creyente, a través de un camino de oración, se hace más consciente de las exigencias del Evangelio y de sus obligaciones con los hermanos, alcanzando la fuerza de la gracia indispensable para perseverar en el bien…


III. LÍNEAS DE ACCIÓN (ACTUAR)

Objetivo:
Vivir hoy el encuentro personal con Jesucristo, que lleva a la conversión del corazón, al seguimiento de su persona y a la imitación de su estilo de vida, en un proceso de crecimiento permanente.


1.1 Primera línea de acción

Profundizar y asumir la autentica espiritualidad cristiana que, arrancando del encuentro con Jesucristo vivo, configura toda la vida del discípulo con la suya.

Estrategias:
1.1.1 Orientando los procesos catecumenales, de niños y de adultos, no sólo a la adquisición de conocimientos sino a verdaderos procesos de iniciación en la vida cristiana.
1.1.2 Presentando y motivando la vida espiritual, en todos los ámbitos de iniciación y educación cristiana, como un estilo de vida en Jesucristo y como Jesucristo, no sólo como una parte de la vida dedicada a la relación con Dios.
1.1.3 Viviendo hoy el encuentro con Jesucristo en la comunidad, en los pobres, en los acontecimientos de muerte, en los que promueven la vida y en la propia historia personal.


1.2 Segunda línea de acción

Discernir la imagen vivida de Dios, personal y socialmente, para purificarla y llegar a la experiencia viva del Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.

Estrategias:
1.2.1 Preparando personas, tanto sacerdotes como religiosas y laicos, que puedan dedicar tiempo al acompañamiento espiritual de quien desee y solicite esa ayuda.
1.2.2 Programando en las parroquias y en la diócesis tiempos especiales e intensos de experiencia religiosa, acompañada y orientada, como retiros, ejercicios espirituales, talleres de oración, etc.
1.2.3 Acompañando y orientando las diversas formas de piedad popular, teniendo muy en cuenta la religiosidad garífuna.

1.3 Tercera línea de acción

Escuchar como discípulo atento y dócil la Palabra que se hizo carne, meditarla en el corazón y ponerla en práctica.

Estrategias:
1.3.1 Difundiendo, de una manera planificada, entre el mayor número posible de fieles, la práctica de la Lectura Orante de la Palabra, aprovechando las personas, medios y experiencias que tenemos.
1.3.2 Profundizando las comunidades eclesiales en la práctica de la lectura orante comunitaria de la Palabra, tal como se viene practicando.
1.3.3 Ofreciendo una formación bíblica actualizada y adaptada, en los procesos catequéticos y en la formación de los laicos, según los diversos niveles de esa formación.
1.3.4 Cuidando la proclamación de la Palabra en la liturgia (sonido, lectores, ambón, etc.) y su explicación en la homilía (sacerdotes, delegados).

1.4 Cuarta línea de acción

Alimentar la espiritualidad del discípulo de una vida sacramental asidua, especialmente de la Eucaristía, fuente y cumbre de la vida cristiana.

Estrategias:
1.4.1 Organizando en todas las parroquias y comunidades eclesiales el equipo de liturgia, integrado por diversos miembros según sus funciones, que cuidará, de una manera especial, la celebración de la Eucaristía.
1.4.2 Retomando los sacerdotes el Directorio de la CEH sobre “la comunión fuera de la misa” y poniendo en práctica sus orientaciones.
1.4.3 Publicando en el primer año de este plan pastoral “los criterios y normas de pastoral sacramental.”
1.4.4 Estudiando y aplicando con los responsables de la catequesis infantil las orientaciones y propuestas sobre la liturgia de la Palabra y las plegarias eucarísticas de las misas con niños.
1.4.5 Elaborando la comisión diocesana de liturgia un plan sistemático de formación de los agentes de pastoral litúrgica.

1.5 Quinta línea de acción

Cuidar la formación integral y continua del discípulo de Jesucristo, especialmente de los diversos agentes de pastoral, ofreciendo las estructuras y medios para lograrlo.

Estrategias:
1
.5.1 Organizando, a partir de lo que ya tenemos en funcionamiento, un plan sistemático y progresivo de formación (formación parroquial, CCSP, “levadura”, Apostolado Israel y diplomado en la UNICAH) que contemple: niveles, perfil de los participantes, contenidos temáticos, experiencias, etc.
1.5.2 Poniendo en marcha “la escuela de formación” parroquial, zonal y diocesana, que ofrezca los contenidos comunes a los agentes de cualquier pastoral, dejando a las comisiones la formación pastoral específica.
1.5.3 Organizando un equipo para la producción, edición y difusión de materiales formativos: libros, folletos, trípticos, etc., vinculado al “Centro de Comunicaciones de la Diócesis”.


 
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