PRESENTACIÓN Y PROMULGACIÓN
Tengo la satisfacción de presentarles y promulgar el
Plan Pastoral Diocesano. Lo considero como un buen medio de
análisis y de discernimiento en su fase de elaboración
y como un instrumento adecuado de comunión de ideales
y de coordinación de orientaciones y de actividades
una vez promulgado.
El texto que tienen entre manos es el
resultado del esfuerzo analítico, iluminador y proyectivo de muchas personas.
Pero los frutos de este trabajo son más ricos y variados
que el mero texto. La elaboración y puesta en práctica
del Plan Pastoral favorecen el conocimiento de la realidad,
el diálogo, el consenso, la comunión personal
y el compromiso creativo y solidario por el Reino de Dios.
El Plan se organiza en torno a cuatro
prioridades pastorales. Llamamos “prioridad” a aquellos aspectos de nuestra
realidad social y religiosa que más nos preocupan y
cuestionan, que requieren una atención, urgente y solicita,
de parte de la Iglesia, como sacramento de salvación.
Estas prioridades se concentran en torno a cuatro núcleos:
el discipulado como seguimiento de Jesucristo, la misión
evangelizadora, las comunidades eclesiales y la vida digna
y plena de todos.
En cada prioridad se sigue el método de ver-juzgar-actuar,
tradicional en nuestra Iglesia Latinoamericana. En el “ver” hemos
concentrado la mirada en aquellos puntos más significativos,
novedosos, convergentes e influyentes.
En el “juzgar” recogemos algunas enseñanzas
del magisterio postconciliar más directamente referidas
a la Iglesia Latinoamericana. Cada prioridad es iluminada con
un texto de “La Iglesia en América”, Puebla,
Santo. Domingo y Medellín, respectivamente.
El “actuar” es la parte más desarrollada.
Necesitábamos dar forma operativa y organizada a lo
que ya estamos haciendo y a las aspiraciones de renovación
pastoral, compartidas en muchas reuniones y encuentros. En
el “actuar” se recoge el “objetivo” que
responde a cada prioridad, algunas “líneas de
acción” que orientan y señalan el camino
y las “estrategias” que convierten en acción
más concreta y encarnada las orientaciones operativas.
Este Plan Pastoral servirá de motivación, de
marco y de cauce para las zonas pastorales y para las parroquias.
Los consejos y comisiones, en los diversos niveles, la directiva
de asociaciones y movimientos lo harán objeto de estudio
y de diálogo para aplicarlo en sus respectivos planes
y programas pastorales. Así lograremos más fácilmente
la pastoral de conjunto que todos deseamos.
Estoy promulgando este Plan Diocesano
en el tiempo litúrgico
pascual, tiempo en el que la Iglesia exulta de gozo y se llena
de entusiasmo misionero al celebrar la Resurrección
de Nuestro Señor Jesucristo. Ciertamente que Aquél
en quien creemos y a quien amamos, quien nos reúne en
comunidad y a quien anunciamos no es un “plan pastoral” sino
Jesucristo, el Señor, el Salvador. Este Plan Pastoral
es simplemente un medio que, usado con espíritu, con
inteligencia y corazón, nos ayudará muchísimo
a crecer en comunión, a revitalizar la evangelización
y a trabajar para que todos, especialmente los pobres, tengamos
vida en plenitud.
Lo promulgo el día 13 de mayo, día en que se
celebra la apertura de la V Conferencia General del Episcopado
Latinoamericano y Caribeño. Es un signo de comunión
en el amor, en la fe y en la esperanza, vivida en el interior
de nuestras Iglesias y testimoniada en el entramado de la vida
de nuestros pueblos.
Glosando unas palabras de Medellín, termino esta presentación
diciéndoles: no basta reflexionar y programar; lograr
mayor clarividencia en el concepto y en las propuestas. Es
la hora de la acción. Es la hora de ejecutar todos,
cada uno según su vocación, comunidad y servicio,
las opciones tomadas y las estrategias establecidas.
Hoy, como en los comienzos de la Iglesia,
el Espíritu
Santo nos reúne en comunidad de discípulos, nos
empuja a la misión evangelizadora, derrama sus dones
y carismas diversos y nos da la vida eterna. Dejémonos
llevar por el Espíritu.
San Pedro Sula, 13 de mayo de 2007, día de la inauguración
de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.
+ Ángel Garachana Pérez, CMF
Obispo de San Pedro Sula
El objetivo General
“Anunciar a Jesucristo, para suscitar y renovar la fe
de sus discípulos, mediante una fe madurada, vivida
y celebrada en comunidades eclesiales, encarnadas en sus ambientes,
y enviadas a testimoniar y a servir al evangelio del amor y
de la justicia para que el pueblo tenga vida en plenitud”
PRIORIDAD PASTORAL PRIMERA:
DISCÍPULOS DE JESUCRISTO
“Llegar con profundidad a la persona que se encuentra
con Jesucristo y que ha de responder con rigor y lucidez a
los grandes desafíos de nuestro tiempo en la Diócesis
de SPS.”
I. MIRADA A LA REALIDAD (VER)
Situación de cambio
Honduras vive una época de transición, una situación
de cambio cultural que afecta a la manera de pensar, sentir,
actuar y simbolizar. Este cambio afecta profundamente a nuestra
Iglesia, que experimenta la crisis de un modelo tradicional,
social, insuficientemente personalizado y poco formado y siente
la urgencia de una profunda renovación en su vida, en
su misión y en sus estructuras.
Aspectos positivos más relevantes
El pueblo hondureño tiene un sustrato religioso que
conecta con la persona concreta, con su mundo afectivo, con
sus ritos y símbolos y con sus necesidades. Existe un
deseo colectivo religioso, una búsqueda de Dios, de
lo espiritual, de lo sagrado, con muy variadas expresiones
y formas.
Bajo el impulso y la inspiración del Concilio Vaticano
II y sus aplicaciones en América Latina realizadas por
las Conferencia Generales del Episcopado (Medellín,
Puebla, Santo. Domingo) cada vez son más los católicos
que, superando modelos del pasado, han madurado en una fe personal
y eclesial, consciente y formada, vivida y comprometida.
Nuestra Iglesia ha invertido mucho tiempo,
medios, energías
y personas para la formación integral de los fieles:
teológica, pastoral, espiritual y social. La diócesis,
las parroquias, las comisiones diocesanas, los movimientos
ofrecen cursos, talleres, retiros, etc., para una formación
cada vez más completa y actualizada.
Ha crecido el aprecio y estima de la Palabra
de Dios. Palabra escuchada y celebrada en la liturgia y leída, meditada
y orada en las comunidades eclesiales y en la familia; Palabra
que anima e inspira la predicación y la catequesis;
Palabra estudiada en los diversos ámbitos de la formación;
y Palabra que va transformando el corazón y la vida
de muchas personas.
Aspectos críticos más
cuestionantes
El sustrato religioso del pueblo hondureño, incluso
el rebrotar de lo religioso y sagrado, es ambiguo y confuso
desde el punto de vista cristiano, como lo muestran algunos
indicadores: se abusa del nombre de Dios y se utiliza para
los propios intereses políticos y económicos;
crece el número de personas que se hacen una religión
a su medida y a su gusto; se valora la religión principalmente
por sus aspectos afectivos y emotivos, desvinculados frecuentemente
de lo moral y doctrinal.
Se va extendiendo, también entre los católicos,
un estilo de vida cristiana que llamamos “espiritualista”,
para distinguirlo de la verdadera espiritualidad y que se caracteriza
por una imagen de Dios ajeno a nuestra historia, por un culto
y oración separado de la vida, por un olvido de la justicia
y solidaridad social.
Muchos católicos han dejado sus prácticas religiosas
y su participación en la vida eclesial al emigrar del
campo a la ciudad. Están como desarraigados. Otros,
ante el pluralismo religioso se han sentido confundidos y han
caído en el sincretismo religiosos. Un número
considerable se ha incorporado a los diversos grupos evangélicos
por diversas causas. Todo esto es síntoma de una fe
poco evangelizada y poco personalizada.
II. ILUMINACIÓN DOCTRINAL (JUZGAR)
Ecclesia in America. Exhortación Apostólica
Post-sinodal.
Juan Pablo II
68. El encuentro con el Señor produce una profunda
transformación de quienes no se cierran a Él.
El primer impulso que surge de esta transformación es
comunicar a los demás la riqueza adquirida en la experiencia
de este encuentro. No se trata sólo de enseñar
lo que hemos conocido, sino también, como la mujer samaritana,
de hacer que los demás encuentren personalmente a Jesús: «Venid
a ver» (Jn 4, 29). El resultado será el mismo
que se verificó en el corazón de los samaritanos,
que decían a la mujer: «Ya no creemos por tus
palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste
es verdaderamente el Salvador del mundo» (Jn 4, 42).
La Iglesia, que vive de la presencia permanente y misteriosa
de su Señor resucitado, tiene como centro de su misión «llevar
a todos los hombres al encuentro con Jesucristo».
…. La presencia del Resucitado en la Iglesia hace posible
nuestro encuentro con Él, gracias a la acción
invisible de su Espíritu vivificante. Este encuentro
se realiza en la fe recibida y vivida en la Iglesia, cuerpo
místico de Cristo. Este encuentro, pues, tiene esencialmente
una dimensión eclesial y lleva a un compromiso de vida.
En efecto, «encontrar a Cristo vivo es aceptar su amor
primero, optar por Él, adherir libremente a su persona
y proyecto, que es el anuncio y la realización del Reino
de Dios».
…
. Seguirle es vivir como Él vivió, aceptar su
mensaje, asumir sus criterios, abrazar su suerte, participar
su propósito que es el plan del Padre: invitar a todos
a la comunión trinitaria y a la comunión con
los hermanos en una sociedad justa y solidaria»…
29. La propuesta de un nuevo estilo de
vida no es sólo
para los Pastores, sino más bien para todos los cristianos
que viven en América. A todos se les pide que profundicen
y asuman la auténtica espiritualidad cristiana. «En
efecto, espiritualidad es un estilo o forma de vivir según
las exigencias cristianas, la cual es “la vida en Cristo” y “en
el Espíritu”, que se acepta por la fe, se expresa
por el amor y, en esperanza, es conducida a la vida dentro
de la comunidad eclesial». En este sentido, por espiritualidad,
que es la meta a la que conduce la conversión, se entiende
no «una parte de la vida, sino la vida toda guiada por
el Espíritu Santo». Entre los elementos de espiritualidad
que todo cristiano tiene que hacer suyos sobresale la oración. Ésta
lo «conducirá poco a poco a adquirir una mirada
contemplativa de la realidad, que le permitirá reconocer
a Dios siempre y en todas las cosas; contemplarlo en todas
las personas; buscar su voluntad en los acontecimientos».
La oración tanto personal como litúrgica es
un deber de todo cristiano. «Jesucristo, evangelio del
Padre, nos advierte que sin Él no podemos hacer nada
(cf. Jn 15, 5)…La espiritualidad cristiana se alimenta
ante todo de una vida sacramental asidua, por ser los Sacramentos
raíz y fuente inagotable de la gracia de Dios, necesaria
para sostener al creyente en su peregrinación terrena
.Esta vida ha de estar integrada con los valores de su piedad
popular, los cuales a su vez se verán enriquecidos por
la práctica sacramental y libre del peligro de degenerar
en mera rutina. Por otra parte, la espiritualidad no se contrapone
a la dimensión social del compromiso cristiano. Al contrario,
el creyente, a través de un camino de oración,
se hace más consciente de las exigencias del Evangelio
y de sus obligaciones con los hermanos, alcanzando la fuerza
de la gracia indispensable para perseverar en el bien…
III. LÍNEAS DE ACCIÓN
(ACTUAR)
Objetivo:
Vivir hoy el encuentro personal con Jesucristo, que lleva a
la conversión del corazón, al seguimiento de
su persona y a la imitación de su estilo de vida,
en un proceso de crecimiento permanente.
1.1 Primera línea de acción
Profundizar y asumir la autentica espiritualidad
cristiana que, arrancando del encuentro con Jesucristo vivo,
configura
toda la vida del discípulo con la suya.
Estrategias:
1.1.1 Orientando los procesos catecumenales, de niños
y de adultos, no sólo a la adquisición de conocimientos
sino a verdaderos procesos de iniciación en la vida
cristiana.
1.1.2 Presentando y motivando la vida espiritual, en todos
los ámbitos de iniciación y educación
cristiana, como un estilo de vida en Jesucristo y como Jesucristo,
no sólo como una parte de la vida dedicada a la relación
con Dios.
1.1.3 Viviendo hoy el encuentro con Jesucristo en la comunidad,
en los pobres, en los acontecimientos de muerte, en los que
promueven la vida y en la propia historia personal.
1.2 Segunda línea de acción
Discernir la imagen vivida de Dios, personal
y socialmente, para purificarla y llegar a la experiencia
viva del Dios y
Padre de nuestro Señor Jesucristo.
Estrategias:
1.2.1 Preparando personas, tanto sacerdotes como religiosas
y laicos, que puedan dedicar tiempo al acompañamiento
espiritual de quien desee y solicite esa ayuda.
1.2.2 Programando en las parroquias y en la diócesis
tiempos especiales e intensos de experiencia religiosa, acompañada
y orientada, como retiros, ejercicios espirituales, talleres
de oración, etc.
1.2.3 Acompañando y orientando las diversas formas de
piedad popular, teniendo muy en cuenta la religiosidad garífuna.
1.3 Tercera línea de acción
Escuchar como discípulo atento y dócil la Palabra
que se hizo carne, meditarla en el corazón y ponerla
en práctica.
Estrategias:
1.3.1 Difundiendo, de una manera planificada, entre el mayor
número posible de fieles, la práctica de la
Lectura Orante de la Palabra, aprovechando las personas,
medios y experiencias que tenemos.
1.3.2 Profundizando las comunidades eclesiales en la práctica
de la lectura orante comunitaria de la Palabra, tal como se
viene practicando.
1.3.3 Ofreciendo una formación bíblica actualizada
y adaptada, en los procesos catequéticos y en la formación
de los laicos, según los diversos niveles de esa formación.
1.3.4 Cuidando la proclamación de la Palabra en la liturgia
(sonido, lectores, ambón, etc.) y su explicación
en la homilía (sacerdotes, delegados).
1.4 Cuarta línea de acción
Alimentar la espiritualidad del discípulo de una vida
sacramental asidua, especialmente de la Eucaristía,
fuente y cumbre de la vida cristiana.
Estrategias:
1.4.1 Organizando en todas las parroquias y comunidades eclesiales
el equipo de liturgia, integrado por diversos miembros según
sus funciones, que cuidará, de una manera especial,
la celebración de la Eucaristía.
1.4.2 Retomando los sacerdotes el Directorio de la CEH sobre “la
comunión fuera de la misa” y poniendo en práctica
sus orientaciones.
1.4.3 Publicando en el primer año de este plan pastoral “los
criterios y normas de pastoral sacramental.”
1.4.4 Estudiando y aplicando con los responsables de la catequesis
infantil las orientaciones y propuestas sobre la liturgia de
la Palabra y las plegarias eucarísticas de las misas
con niños.
1.4.5 Elaborando la comisión diocesana de liturgia un
plan sistemático de formación de los agentes
de pastoral litúrgica.
1.5 Quinta línea de acción
Cuidar la formación integral y continua del discípulo
de Jesucristo, especialmente de los diversos agentes de pastoral,
ofreciendo las estructuras y medios para lograrlo.
Estrategias:
1.5.1 Organizando, a partir de lo que ya tenemos en funcionamiento,
un plan sistemático y progresivo de formación
(formación parroquial, CCSP, “levadura”,
Apostolado Israel y diplomado en la UNICAH) que contemple:
niveles, perfil de los participantes, contenidos temáticos,
experiencias, etc.
1.5.2 Poniendo en marcha “la escuela de formación” parroquial,
zonal y diocesana, que ofrezca los contenidos comunes a los
agentes de cualquier pastoral, dejando a las comisiones la
formación pastoral específica.
1.5.3 Organizando un equipo para la producción, edición
y difusión de materiales formativos: libros, folletos,
trípticos, etc., vinculado al “Centro de Comunicaciones
de la Diócesis”.
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